martes, 4 de noviembre de 2008

Reflexión filosófica sobre la vida. La esencia del hombre es perseguir sus sueños.


Esta reflexión me la ha inspirado Noche de impacto, después de ver un reportaje de Antena 3 que casi borda la esencia de lo autentico de la calle, el sentimiento humano. Un reportaje de Antena 3 que me ha puesto los pelos de punta de lo auténtico de la gente de la calle, y de la vida. No me acuerdo de los barrios, bueno si… la Chanca de Almería. Sé de buenas manos que ese barrio es auténtico y ¡qué arte!; Las 1000 viviendas de Alicante, que autentico con su patriarca y su gente! Si daba ganas de irse allí a vivir, lo digo en serio. Esa gente es una crack de la vida! Eso si que es la gente de la calle, la que están ajena a la sociedad y son felices y punto, y lo único que reclaman son unos servicios mínimos. Espera que voy a poner la fecha por si alguien lo quiere ver. Ha sido la noche del Lunes del 2 de Noviembre del 2008 en Antena 3. En serio, la esencia de lo auténtico. Vi una historia de unos yonkis, que ni el mejor anuncio antidroga. Pués sigo con al reflexión.

Sólo, y sólo después de haberme empapado de autenticidad, pude apreciar la esencia de la vida humana. Lo explico. Luego, en el mismo canal ha salido ese programa de Deep Impact, y la historia de un afro americano tejano negro. Ese vaquero Cow Boy era de los auténticos. El programa relataba su vida, con musiquita así guay de fondo muy a lo americano, pero efectiva en el plano emocional. Me metí en la vida de ese personaje, lo sentí, me olvide de todos los cánones europeos culturales. Estaba fundiéndome con aquel vaquero. Y explico por qué. Le piso la cabeza un toro to loco que los vaqueros montan, no se si sabréis sobre los que hablo. Pues el toro le incrustó el cráneo en la cabeza, y volvió a montar en 2 meses. El primer día que vuelve a montar le ocurre algo supergrave también, y a los 6 meses volvió a montar. Y en esta última vez consiguió montarlo todo el tiempo. Justo en ese momento pude sentir lo que había significado para ese hombre haber montado a un toro el tiempo completo a la primera en esa tercera vez. Como era la esencia de lo auténtico. La esencia de la vida. Fue como un soplido de sabiduría divina, la respuesta de por qué estamos aquí… hay que perseguir a los sueños.

Este cow Boy era auténtico, vivía así porque era lo que realmente quería. Luego pensé que maltratar a un toro no es supuestamente ético. Entonces no sería un sueño correcto ¿Debería haberse privado ese hombre de cumplir su sueño? ¿Qué ética imponemos? ¿La del toro o la del hombre?¿Y si amase al toro de una forma que lo cuidase? Qué por ejemplo tuviese un rancho con muchísimos toros bien alimentado y pastando por grandes áreas de terreno, con cuidados veterinarios Si cuantificamos el valor ético, ¿Es suficiente pagar como "penitencia" la supervivencia genética de una especie para que un acto se convierta en ético? Entonces pensé que hay que perseguir los sueños, pero respetando y sin romper el equilibrio de la vida. Pero para que empecemos a respetar y apreciar el equilibrio de la vida, primero deberemos respetarnos a nosotros mismos. Por eso ningún sueño debería cumplirse si va en contra y a costa de una vida saludable, tanto física como psicológicamente, para el hombre.

Sólo cuando apreciemos la vida humana, respetaremos y cuidaremos del equilibrio que nos da la vida. Y cuando cuidemos y respetemos a la vida, podremos disfrutar de ella plenamente, haciendo cumplir nuestros sueños. No la maltratemos, ella nos dispone el escenario y nosotros la alimentamos para que otros, en un futuro, puedan cumplir sus sueños también. La verdad que me ha salio una postura muy renacentista... Esto se entiende si tomamos al hombre como el epicentro de la existencia de la vida. Pero esto me plantea una pregunta. ¿Es el hombre el epicentro de la existencia de la vida? ¿Quién decide éticamente que la vida de un hombre vale más que la vida de un animal, o que una planta? La verdad que para eso último no tengo respuesta. Y si vamos más allá... ¿Tiene la vida valor? Si la vida no tiene un valor cuantificable, nunca podremos saber lógicamente que el ser humano sea el epicentro de la existencia de la vida. El debate estará siempre ahí. Y esta es la frontera donde se acaba la ética, y empieza la moral. Hay un vacio intelectual, que la razón no logra ocupar. Y por eso los hombres nos hemos inventado las religiones, para llenar aquellos vacíos intelectuales donde la razón no es capaz de llegar.

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